La gira presentación de “Material Inflamable”, el último disco de Gritando en Silencio, llegó el pasado 15 de febrero a la sala Black Bird de Santander. Una cita en la que la banda contó con Tregua como grupo invitado y nosotros no quisimos perdernos.

¡Aquí os dejamos la crónica de la noche!

 

 

Si hay una gira que puede marcar un antes y después es esta denominada “Gira Inflamable” de los sevillanos Gritando en Silencio. Y es que tras tres discos en los que prensa y público reivindicó a la banda como baluarte del “relevo generacional” del rock patrio, este “Material Inflamable” debe suponer la confirmación de esas esperanzas depositadas en una banda que seamos sinceros, tiene todos los ingredientes para convertirse en todo lo pronosticado.
La giraba pasaba en este fin de semana de mitad de febrero por una plaza complicada, lejos de los llenos en la capital, el Norte es complicado. En cierta ocasión entrevistando a Skizoo, Jorge Escobedo (si mal no recuerdo) me comentaba que subir más allá de Valladolid era una “barrera” para los grupos y algo de razón debía tener. El caso es que la sala Black Bird, una interesante sala con el único problema de la ausencia de una tarima en altura para el escenario, presentó el viernes un aspecto envidiable, rozando el lleno y confirmando el gran momento que vive la banda.



No obstante, la noche comenzó con una banda gallega llamada Tregua. Diez años en la brecha del rock dan para mucho y el grupo lo está celebrando por todo lo alto con un disco conmemorativo llamado “Kilómetro a Kilómetro”, una gira de presentación y un concierto muy especial el próximo 16 de marzo en A Coruña.
Lo cierto es que ya conocía a la banda de otras ocasiones y volví a tener las mismas sensaciones. Mientras caían temas como “Las Última Página”, “A Largo Plazo” o “Kilómetro a Kilómetro”, pudimos disfrutar de una banda correcta, inapelable en el aspecto instrumental, pero que en el apartado musical se queda en tierra de nadie.
Tregua son demasiado “duros” para quien busque un rock más asequible y demasiado “blandos” para los más rockeros, lastrando este hecho al grupo en mi opinión personal.
Dejando a un lado puntos de vista subjetivos,
Tregua supo calentar el ambiente, conectar con el público y regalarnos un gran momento con Marcos Molina colaborando en “Contracorriente”. Misión cumplida.



Con la sala ya pidiendo aire acondicionado, pasaban las 21:30 cuando Gritando en Silencio salían a escena. Una breve intro y “Mi Último Cartucho” iniciaba las hostilidades. Sobre las tablas una banda que funciona como un reloj, con un sonido estupendo y repleta de actitud, aunque con un “pero”, pues la garganta de Marcos se encontraba tocada por un proceso gripal o similar y el vocalista no parecía encontrarse cómodo durante los primeros temas. Una sensación que yo creo que se transmitió al público y generó que la habitual conexión de Los Gritando con su gente no llegase hasta bien avanzado el concierto.



Pero no os alarméis, porque el grupo tiró de “Actitud” y todo comenzó a tener sentido una vez más. Mientras Marcos recuperaba confianza y se sentía cada vez más a gusto, Alberto y Santos lo arropaban con sus coros y el grupo sonaba como una máquina de hacer rock. Prueba de ello, fue la tremenda intro muy en la onda Dire Straits que se marcó el cuarteto para “Perdedores en la Lluvia”, sublime.



Durante casi dos horas de concierto disfrutamos de un compendio de temas que no dejó cuentas pendientes: “Mírame Desnudo”, “Rutina en las Venas”, “A las Armas”, “Sácame de Aquí”, “Entre tus Piernas”, “Alma de Blues”, “Días Grises”, “A la Luz de una Sonrisa” o “Como si no Hubiera Nada Más” fueron algunas de las canciones que inundaron la noche. Y entre medias pude atisbar la gran tarea que Gritando en Silencio tiene ante si, convertir los nuevos temas en clásicos hipercoreados como son los temas de “Maldito” y “Contratiempo”, algunos ya himnos de una generación, o comienzan a ser los contenidos en “La Edad de Mierda”. De momento el público se mantiene a la expectativa y enloquece con “Vértigo” o “Rock n’ Roll de Barrabás”.

No os voy a mentir, fue una gran noche, personalmente yo salí de la sala con una sonrisa y la sensación de que los cientos de kilómetros recorridos habían merecido la pena. Y también, el temor de no volver a disfrutar nunca de conciertos de la banda en salas puras de rock como son la Black Bird, los pabellones de mayor aforo llaman a un grupo que paso a paso sigue su escalada hacia la cima. ¡Que nosotros lo veamos!

Crónica y fotos: FelipeSMwww.smfelipe.es